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miércoles, 8 de julio de 2009

Picaflores

Un invierno, cerca ya de la primavera, descubrí un nido de picaflor en una rama baja de un ficus. Era tan pequeño y gris que parecía una hoja seca enrollada. Dentro había dos huevitos diminutos y me di cuenta de que eran de la pajarita porque, ni bien me acerqué, ella se puso a revolotear agresivamente sobre mi cabeza. Debo de haberle dado un susto tremendo al acercarme a sus huevecitos.
A partir de ese momento, me puse a vigilar el nidito y una mañana, al hacer mi ronda habitual por el patio, vi que ya habían nacido los pichoncitos. Ella estaba muy ocupada trayéndoles néctar en el pico, pero los bebés tenían mucha hambre y yo comencé a darles agua azucarada y jugos de fruta.
A los pocos días ellos ya me conocían y abrían desmesuradamente sus piquitos cuando me acercaba. Durante las tormentas nocturnas yo sufría porque el viento los podría hacer caer del nido y los gatos se los comerían; pero estaban allí a la mañana siguiente, esperándome. La madre también parecía aceptarme porque su revoloteo era más tranquilo, como si sólo supervisara mi tarea con sus hijitos. Crecieron y les salieron esas plumitas tornasoladas que los caracterizan. Hasta que el más grande y fuerte voló fuera del nido pero volvió, al rato, para su ración diaria de juguitos.
El pequeñín no volaba y me preocupé por él. Por fin, junté coraje, lo saqué con mucho cuidado del nido y lo puse sobre mi dedo . Estuvo allí, aferrado con sus uñitas de mi piel, durante unos segundos y voló.
Una tormenta de verano rompió la rama donde estaba el nido y ya no volvió la pajarita al árbol. Los picaflores acostumbran a hacer el nido nuevo sobre el del año anterior, pero este ya no estaba más.
Después, cuando yo veí los picaflores revoloteando sobre mis flores me imaginaba que eran los míos y me alegraba de tener tantas. No he vuelto a encontrar nidos de picaflor, pero sé que están en alguna rama de alguno de mis árboles y no puedo olvidar la inefable emoción de tener una de esas joyas aladas en la mano. Era leve como una flor y pesaba como todo el universo viviente.

2 comentarios:

JuLi dijo...

la piquita y los piquitos je =D

Qué linda historia...eran lindos esos bichitos por más que vos sepas que no me gustan los bichos con plumas...besotes ma!

fuegorecuperado dijo...

Bella y rara historia, a ver si volvés por tu blog...